En la industria de la moda, construir una marca exitosa implica trabajar con una permanente tensión: conservar una identidad fuerte y renovar en cada nueva colección. Ese equilibrio entre cambio y continuidad es uno de los mayores desafíos en la construcción de una marca; Rotunda es un claro ejemplo de ese proceso. Fundada en Uruguay en 2013 por Sofía Domínguez y con la entrada en 2014 de Kevin Jakter, la empresa evolucionó desde una propuesta de diseño contemporáneo hasta convertirse en una de las marcas de moda más reconocidas del país. Su crecimiento es producto de la construcción sostenida de una identidad de marca, una cultura organizacional sólida y una visión estratégica que le permitió crecer, diversificarse y evolucionar sin perder la esencia que definió sus orígenes.
Desde su creación, Rotunda consolidó una red de locales estratégicos, expandió su presencia a través del comercio electrónico, impulsó nuevos proyectos como su propuesta gastronómica “Otero x Rotunda” y desarrolló iniciativas inmobiliarias como “Rotunda al Lago”. Todas estas iniciativas responden a una misma manera de entender el negocio: construir una organización donde el diseño, la calidad, la cercanía y el desarrollo de las personas formen parte de una misma identidad. Bajo esa lógica, la empresa incorporó el concepto de cuádruple impacto, integrando la dimensión humana a los tradicionales objetivos económicos, sociales y ambientales.
En esta entrevista, Kevin Jakter analiza las decisiones que acompañaron ese proceso de crecimiento y los aprendizajes obtenidos en la construcción de la marca a lo largo del tiempo. Sus reflexiones recorren temas como el propósito, la cultura organizacional, el liderazgo, la comunicación y la experiencia de marca, mostrando cómo la competitividad sostenida no depende únicamente del diseño o de la innovación, sino de la capacidad de mantener una identidad consistente en cada decisión.
¿Cómo nació la marca y qué necesidad concreta buscaba resolver en ese momento? Rotunda nació a fines de 2013 de la mano de Carolina Sosa y me incorporo en mayo de 2014, cuando la marca todavía funcionaba dentro de un espacio multimarca. Muy rápidamente empezamos a visualizar una oportunidad de crecimiento, veíamos que en Uruguay existía un espacio para una propuesta diferente: una marca con un diseño elegante, sofisticado, de alta calidad, minimalista y atemporal. Sentíamos que todavía no existía una marca que reuniera esas características y las acercara al día a día de las mujeres uruguayas. Rotunda nació para ocupar ese lugar. Con el tiempo entendimos que el propósito iba mucho más allá del diseño. También buscábamos poner nuestros talentos al servicio de productos, servicios y experiencias capaces de generar bienestar, alegría y conexión con las personas. Esa intención sigue siendo parte del ADN de la marca.
Si tuvieras que definir tu marca en una sola idea o concepto, ¿cuál sería? Diría que es una marca elegante, sofisticada, de alta calidad y profundamente cercana, con calidez humana. La cercanía fue un concepto que incorporamos en 2017, cuando sentimos que la marca debía expresar hacia afuera lo que vivíamos puertas adentro como equipo. De esa búsqueda nació también el concepto de la Tribu Rotunda: personas que comparten valores, una manera de vivir y una forma de relacionarse. Hoy esa cercanía es tan importante para nosotros como el diseño o la calidad de nuestras prendas.
¿Qué le promete tu marca hoy a sus clientes? Creo que la principal promesa de Rotunda es conciencia, calidez y confianza; es una marca con personas reales atrás con sus historias, con sus virtudes, sus defectos y una forma consciente de hacer empresa. También prometemos identidad, nos gusta pensar que quien elige Rotunda encuentra una manera de expresar quién es a través de lo que viste, y que esa elección le transmite seguridad y empoderamiento. Pero la promesa no termina en el producto. También buscamos ofrecer una experiencia cercana, cuidada y coherente en cada punto de contacto con la marca. Esa visión dio origen al Universo Rotunda e incluye proyectos como Otero x Rotunda y Rotunda al Lago. Son iniciativas diferentes, pero nacen de una misma filosofía: construir experiencias con identidad, diseño, comunidad y una mirada consciente sobre la forma de relacionarnos con las personas.
¿Cómo se sostiene esa promesa en el día a día del negocio? Lo primero es que somos un equipo importante de personas La promesa de la marca se sostiene, antes que nada, gracias al equipo. Hoy Rotunda es una organización con una estructura consolidada, procesos definidos y muchas personas trabajando con una misma visión. Todo lo que hacemos —cada producto, cada servicio y cada experiencia— pasa por un filtro muy claro: preguntarnos si realmente representa lo que somos. Nos preguntamos si aquello que estamos creando refleja la elegancia, la sofisticación, la calidad y la cercanía que definen a la marca. Cada producto, cada servicio, cada propuesta y cada experiencia que lanzamos pasa por ese filtro. Con los años, ya son trece años este año, sentimos que logramos consolidar una identidad reconocible y que nuestro público sabe qué puede esperar de Rotunda. Esa coherencia es una de nuestras mayores fortalezas.
¿Qué piensas hace que tu marca sea elegida frente a otras alternativas? Ahora no lo pensamos tanto, en el buen sentido, y vamos por por nuestro camino. Nos llevamos muy bien con los colegas, con las marcas que son alternativas a Rotunda. No me gusta la palabra competencia, somos colega. Creo que las personas nos eligen porque perciben autenticidad. Ven una empresa que intenta ser coherente entre lo que dice y lo que hace, que trabaja con transparencia y que busca honrar el talento de todas las personas que forman parte del equipo. Detrás de Rotunda hay una visión, un propósito y una cultura que intentamos cuidar todos los días. Las personas conectas con nosotros desde varios niveles: existe una valoración racional por el diseño, pero también una conexión emocional y hasta espiritual con la identidad de la marca y, los valores que representa. Sabemos que quienes compran Rotunda también eligen otras marcas. Eso es natural. Lo que nos alegra es habernos convertido, con el paso del tiempo, en una opción sólida, confiable y vigente dentro de esa elección.
¿Sentís que la marca fue una decisión estratégica desde el inicio o se fue construyendo en el camino? Creo que hubo un poco de las dos cosas porque desde el comienzo existía una visión bastante clara sobre el tipo de marca que queríamos construir, pero el punto de inflexión llegó a partir de 2015 cuando abrimos nuestra primera tienda propia, tuvimos una respuesta excelente del público; había filas todos los días para entrar, la marca empezaba a hacerse conocida y entendimos que existía una oportunidad real de expansión. Em 2016 hicimos nuestro primer plan de negocios expansivo con mirada a largo plazo; reunimos capital con apoyo de la familia y comenzamos una etapa de crecimiento que nos permitió abrir locales en Montevideo, luego en Carrasco y más adelante en Punta del Este. Nuestra idea era consolidarnos en Uruguay y luego desembarcar en Argentina. Sin embargo, las condiciones macroeconómicas de ese mercado nos llevaron a replantear los tiempos. Decidimos entonces fortalecer nuestra presencia local y seguir desarrollando la marca en Uruguay y llegar a clientes de otros mercados a través del comercio electrónico. Mirando hacia atrás, creo que la estrategia siempre estuvo presente, pero aprendimos que una empresa tiene que saber adaptarse. La visión puede mantenerse, pero el camino cambia. Las condiciones del mercado, el aprendizaje del equipo y la evolución de los consumidores nos fueron obligando a revisar decisiones y ajustar el rumbo sin perder de vista el propósito que nos llevó a crear la marca.
¿Cuál fue uno de los principales errores o aprendizajes en la construcción de la marca? Más que hablar de errores puntuales, prefiero hablar de aprendizajes. La construcción de una marca es un proceso permanente y, en nuestro caso, gran parte de ese aprendizaje vino de escuchar al cliente. Un ejemplo muy claro fue el lanzamiento de nuestra línea de calzado. En los primeros años pensábamos que nuestro público era mucho más joven, porque nosotros también lo éramos: cuando nació Rotunda, Sofía tenía 25 años y yo apenas 22. Sin embargo, empezamos a notar que muchas mujeres de 35 o 40 años entraban a la tienda, conectaban con la propuesta y comenzaban a comprar nuestros productos. Ahí entendimos que la marca estaba llegando a un público mucho más amplio del que habíamos imaginado. Lo mismo sucedió con Rotunda Jeans, una apuesta que surgió de observar nuevas necesidades y que hoy es una de las líneas más fuertes de la marca. Aprendimos con los propios clientes, fue un aprendizaje mutuo. Creo que el consumidor siempre es muy importante, escucharlo, mirar la tienda, qué funciona; para saber y aprender juntos.
¿Qué rol juega la comunicación en el posicionamiento y crecimiento de la marca? Para nosotros la comunicación cumple un rol fundamental. Siempre invertimos y apostamos mucho en comunicación y en identidad. Como una apuesta y una inversión, para recolectar a futuro. Sabiendo que una identidad y una construcción de marca es una base muy fundamental para el crecimiento de la marca. Nos preocupamos por trasladar la esencia de Rotunda a cada punto de contacto con el cliente: las campañas, las redes sociales, las tiendas, la fotografía, el diseño de los espacios y cada experiencia vinculada con la marca. Por ejemplo, algo reciente: no estábamos en TikTok y nos dimos cuenta de que si no estamos en TikTok hay un público muy grande de entre 20 y 30 al que no estamos llegando.
¿Qué aprendiste sobre tus clientes que cambió la forma de pensar la marca? Creo que el mayor aprendizaje fue entender que los clientes evolucionan constantemente y que la marca tiene que evolucionar con ellos, sin perder su esencia. Como que el consumidor y el tiempo van cambiando. No cambia la identidad de la marca. Lo que cambia es la forma de comunicar los conceptos.
¿Qué creés que una marca necesita hoy para sostenerse en el tiempo? Ser humilde. En el sentido de aprender constantemente. La tecnología y el consumidor cambian muy rápido. Hay que estar todo el tiempo aprendiendo. No creerse que ya sabemos todo. Estar atentos a las tendencias del consumidor. Tener tiempo para pensar, diseñar y armar. Ser resilientes porque hay momentos complejos y es importante no reaccionar, sino actuar desde un lugar más estratégico. Más táctico. Con más pausa.








